Sentarme frente a una decisión importante siempre me ha hecho sentir una especie de hormigueo bajo la piel, como si mi cerebro se preparara para algo grande. Hace algunos años, mientras estudiaba los principios que conforman la Conciencia Marquesiana dentro de Coaching para el Bienestar, descubrí que esa sensación no era solo psicológica, sino también biológica. La ciencia ya no puede ignorar la idea fascinante de que nuestro cerebro es plástico, cambiante. La neuroplasticidad, un concepto tan complejo como esencial, influye en cada pequeña o gran decisión que tomamos. ¿Realmente percibimos el alcance de su poder?
Neuroplasticidad: redefiniendo el cerebro humano
La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para adaptarse, reorganizarse y crear nuevas conexiones entre neuronas. Cuando era joven, me enseñaron que las neuronas “mueren y no se reemplazan”. Ahora sé que esa visión está obsoleta. En cada experiencia, aprendizaje o emoción fuerte, mi cerebro, y el tuyo también, cambia su propio mapa interno.
En mis investigaciones, he comprobado que la neuroplasticidad no es exclusiva de la infancia ni de periodos de crisis; es un proceso continuo que puede potenciarse conscientemente.
Nuestro cerebro nunca deja de aprender.
La filosofía que compartimos en Coaching para el Bienestar propone ir más allá de la simple teoría y mirar la plasticidad cerebral desde un enfoque integrador: mente, emoción, cuerpo y propósito.
La toma de decisiones: entre hábitos y nuevas conexiones
No siempre somos conscientes del camino exacto que recorre nuestro cerebro antes de decidir. Cada elección, desde la más trivial hasta la más significativa, se fundamenta en redes neuronales reforzadas por la experiencia y la práctica. Cuando repito una acción varias veces, esa red se fortalece, y el acto de decidir se vuelve casi automático.
- Escoger una comida saludable en vez de un snack ultraprocesado
- Decidir si levantarme temprano o posponer el despertador
- Atreverme a cambiar de trabajo o seguir en la rutina
Cada uno de esos momentos implica pequeñas remodelaciones en mis circuitos cerebrales, y con el tiempo, esas remodelaciones hacen una diferencia real.
¿Qué papel cumple la neuroplasticidad al elegir?
Cuando enfrento nuevas situaciones, hay incertidumbre y, por tanto, algo de incomodidad. Esa incomodidad, he notado, es la señal de que mi cerebro está buscando rutas alternativas, abriendo puertas y ventanas en su arquitectura interna. Si opto siempre por lo conocido, refuerzo los mismos senderos neuronales; si me permito lo nuevo, creo nuevas rutas.
Coaching para el Bienestar enseña que ampliar el repertorio de decisiones requiere intención y autoconocimiento, no solo repetición mecánica. La neuroplasticidad no solo permite estos cambios, sino que los impulsa cuando hay propósito y claridad.

Factores que potencian la neuroplasticidad en la toma de decisiones
Me han preguntado varias veces: ¿podemos hacer algo para que nuestro cerebro decida mejor? En mi experiencia, hay varios factores que influyen directamente en la plasticidad cerebral y, en consecuencia, en la toma de decisiones:
- Aprendizaje constante: cada vez que aprendo algo nuevo, mi cerebro se ve obligado a crear y fortalecer nuevas conexiones. Leer, debatir, resolver rompecabezas o aprender habilidades profesionales moldea mi plasticidad.
- Gestión emocional: la emoción es energía en movimiento. Aprender a gestionarla no solo mejora mi bienestar, sino que también amplifica la flexibilidad de mis conexiones neuronales.
- Práctica deliberada: repetir una acción con intención y atención mejora la eficacia con la que mi cerebro crea nuevos caminos. Esto vale para hábitos positivos y para decisiones complejas.
- Contexto social y cultural: rodearme de personas que me desafían intelectualmente o que inspiran cambio me impulsa a replantear mis decisiones habituales.
Neuroplasticidad y propósito: el impacto del “para qué”
Algo que destaco en el marco de Coaching para el Bienestar es la relación entre plasticidad cerebral y sentido de propósito. Si tengo claro para qué quiero cambiar, mi cerebro responde mejor. El propósito activa circuitos motivacionales, haciendo que la toma de decisiones se oriente a lo que considero significativo.
El “para qué” es un motor interno que potencia la neuroplasticidad, facilitando que lo aprendido y decidido permanezca en el tiempo.

Pequeños cambios, grandes consecuencias
Personalmente, descubrí que los grandes cambios en la forma en que decido rara vez vienen de una sola acción. Son el efecto acumulado de pequeños hábitos: leer algo diferente cada día, reflexionar sobre mis reacciones emocionales, atreverme a escuchar opiniones opuestas. Todo aporta.
La suma de pequeñas decisiones moldea la arquitectura de mi mente.
En el contexto del ser humano integrador que promovemos en Coaching para el Bienestar, estos microcambios no solo tienen un efecto cerebral, sino que, con el tiempo, producen un efecto profundo en la vida personal, profesional y relacional.
¿Qué podemos hacer hoy para favorecer una neuroplasticidad creativa?
Quisiera concluir con algunos pasos concretos que, en mi experiencia, favorecen una plasticidad cerebral constructiva aplicada a la toma de decisiones:
- Salir de la rutina al menos una vez al día, exponiéndome a lo desconocido
- Cuestionar mis propias certezas, permitiendo espacio a la duda
- Practicar la autocompasión frente al error, considerando cada fallo como una oportunidad para crecer
- Trabajar el propósito personal, escribiendo mis “para qué” antes de tomar una decisión
No existe límite definido para la capacidad del cerebro de reinventarse, siempre y cuando haya intención y coherencia emocional.
Conclusión
En cada decisión cotidiana, desde la más sencilla hasta la que marca un antes y un después, mi cerebro se transforma. La neuroplasticidad es la fuerza silenciosa que me permite cambiar, adaptarme y evolucionar, siempre que esté dispuesto a cuestionarme y aprender. Desde el enfoque integrador de Coaching para el Bienestar, veo que decidir bien no es cuestión de suerte, sino de ejercicio consciente y continuado.
Si quieres transformar la manera en que tomas decisiones y abrirte a nuevas posibilidades de crecimiento, te invito a conocer más sobre nuestros recursos, sesiones y herramientas alineadas con la conciencia marquesiana. Tu mente es moldeable. Tu bienestar, también.
Preguntas frecuentes sobre la neuroplasticidad y la toma de decisiones
¿Qué es la neuroplasticidad cerebral?
La neuroplasticidad cerebral es la capacidad que tiene el cerebro para reorganizar sus conexiones neuronales, adaptándose a nuevas experiencias, aprendizajes y circunstancias. Gracias a este fenómeno, puedo mejorar habilidades, superar dificultades y adaptar mis respuestas incluso en la adultez avanzada.
¿Cómo influye la neuroplasticidad en decisiones?
La neuroplasticidad me permite modificar la manera en que encaro y resuelvo decisiones, facilitando nuevos aprendizajes y reorganizando los circuitos neuronales que respaldan pensamientos, emociones y acciones. Tomar decisiones diferentes a las habituales es más sencillo cuando los nuevos caminos se practican de forma repetida y reflexiva.
¿Se puede mejorar la neuroplasticidad?
Sí, es posible potenciar la neuroplasticidad a lo largo de toda la vida. La clave está en desafiarme intelectualmente, aprender cosas nuevas, mantener relaciones sociales enriquecedoras y cuidar mis emociones. Pequeños cambios diarios pueden hacer la diferencia.
¿Qué ejercicios aumentan la neuroplasticidad?
Algunos ejercicios recomendados son: aprender un idioma, practicar instrumentos musicales, jugar juegos de lógica o ingenio, meditar y realizar actividad física regular. Todo ello contribuye a la creación de nuevas rutas neuronales y a mantener la mente ágil.
¿La neuroplasticidad cambia con la edad?
Aunque la plasticidad cerebral suele ser mayor en la infancia y juventud, es un proceso que persiste toda la vida, aunque con menor velocidad en la vejez. Sin embargo, nunca desaparece, y la constancia en el aprendizaje puede continuar generando cambios positivos sin importar la edad.
